Las investigaciones por narcotráfico en el norte argentino registran una transformación en las modalidades de traslado de estupefacientes, con mayor uso de aeronaves clandestinas y logística fragmentada, según fuentes judiciales.
Las investigaciones por narcotráfico en el norte argentino enfrentan un escenario cada vez más complejo debido a una profunda transformación en las modalidades de traslado de estupefacientes. El tradicional sistema terrestre, basado en pequeñas cantidades transportadas por personas —conocido en el ambiente criminal como “pitufeo”— comenzó a perder protagonismo frente a una estructura más sofisticada que utiliza aeronaves clandestinas y una logística fragmentada para dificultar la acción judicial.
“Antes los cargamentos ingresaban por vía terrestre mediante el ‘pitufeo’ y las mulas. Después aparecieron las avionetas y el denominado ‘bombardeo’ de droga: el piloto arroja la carga en un punto determinado y otra célula la recibe y la mantiene ‘enfriada’. Esto otorga impunidad porque quienes integran una célula no conocen a los miembros de la otra y, si una cae, no puede comprometer a la restante”, sostuvo el funcionario judicial.
Según explicó Toranzos, este sistema basado en estructuras compartimentadas representa un desafío adicional para los investigadores, ya que dificulta reconstruir las cadenas de mando y detectar a los responsables que se encuentran detrás de la organización.
Sin embargo, el fenómeno no se detuvo allí y mostró una evolución aún más significativa en los últimos años. Las aeronaves clandestinas ya no se limitan a lanzar cargamentos desde el aire en áreas rurales del norte argentino, sino que comenzaron a internarse cada vez más dentro del territorio nacional para concretar aterrizajes directos.
“Hoy observamos que las avionetas ya no solamente realizan bombardeos. También aterrizan en provincias del interior argentino. Esto implica asumir mayores riesgos operativos, pero les permite ahorrar tiempo en la logística interna porque, una vez superados los controles fronterizos, el desplazamiento dentro del país encuentra menos obstáculos”, analizó el fiscal.
En ese contexto, señaló que comenzaron a detectarse procedimientos vinculados a importantes cargamentos transportados mediante esta metodología.
“Ya aparecen operativos con entre 300 y 400 kilos trasladados en avionetas que aterrizan en el interior del país. Esto también implica mayores inversiones destinadas a garantizar el contacto entre piloto y receptor mediante mecanismos de protección o corrupción”, agregó.
El funcionario señaló además que recientemente se registraron movimientos de este tipo en provincias como Santa Fe, además de sectores del sur de Salta y Santiago del Estero.
Las investigaciones permitieron reconstruir también el circuito internacional detrás de estas operaciones aéreas clandestinas. Según indicó Toranzos, el análisis de dispositivos tecnológicos y sistemas GPS secuestrados en diferentes procedimientos permitió identificar un patrón transnacional relativamente estable.
“Gracias a distintas causas judiciales y al análisis de GPS incautados sabemos que reclutan pilotos jóvenes en Santa Cruz, Bolivia, utilizan avionetas —muchas veces robadas o con matrículas duplicadas—, buscan la droga en el sur peruano o en el norte boliviano y luego ingresan al territorio argentino”, detalló.
El fiscal explicó que, dependiendo del punto de descarga, las aeronaves pueden regresar sin necesidad de aterrizar nuevamente. “Si realizan bombardeos en zonas como Anta o Rosario de la Frontera cuentan con autonomía suficiente para retornar directamente”, precisó.
Desde esos puntos se despliega luego una extensa red de distribución terrestre que abre diferentes alternativas logísticas: rutas hacia el noreste por Chaco y Corrientes para conectar con Brasil o Paraguay, o recorridos hacia el sur mediante caminos provinciales, Santiago del Estero, Tucumán y la Ruta Nacional 34, considerada uno de los corredores viales más importantes para el tránsito regional.
La mutación en las estrategias de transporte, según los investigadores, no solo modificó la forma de operar de las organizaciones criminales, sino también la manera en que la Justicia y las fuerzas de seguridad deben abordar uno de los fenómenos más complejos del crimen organizado en la región.
