martes, 5 marzo, 2024
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Debbag explica qué hacer a los «indecisos de la vacuna» frente al rebrote del Covid

-¿Qué es el Covid hoy? ¿Debería preocuparnos que vuelvan a subir los casos o ya se le perdió el respeto al virus?

-El Covid empieza a comportarse de forma estacional, con un brote anual. A mayor edad, más respeto hay que tenerle. Y deben respetarlo más, también, aquellos que tengan una enfermedad de base. En este periodo posterior a la pandemia el Covid se transformó en una enfermedad de circulación mundial al igual que otras enfermedades respiratorias. Y deberíamos respetarla como a cualquier otra enfermedad respiratoria.

-Apareció una nueva subvariante de Ómicron, la BA.2.86, que generó bastante revuelo global.

-Es una variante con más de 30 mutaciones genéticas, por lo que se pensó que podía llegar a traer más mortalidad, pero hasta ahora eso no se ha confirmado. Se sabe que, inclusive, se comporta de forma benigna.

-¿Por qué pese a que el Covid sigue siendo bastante más letal que la gripe mucha gente no se aplicó los refuerzos de la vacuna?

-La circulación había bajado y ya no existía esa sensación por los amigos o familiares contagiados. La visualización de la enfermedad cayó. La gente dejó de tomarlo como un riesgo. Otro componente que hace que la gente no se vacune es el gran grupo que se generó en la pandemia y la post pandemia, reticente a la vacunación, indecisos de la vacunación. Sólo se vacunan si ven que hay un riesgo, porque piensan en los efectos adversos y en si las vacunas son necesarias. No son antivacunas, son indecisos. Además, en Argentina hay una crisis de liderazgo sanitario, que hace que según la ideología política se crea o no se crea en la vacunación. En Estados Unidos y Brasil, por ejemplo, los seguidores de Trump y Bolsonaro tuvieron mayores tasas de muertes por millón de habitantes.

-¿Lo de los indecisos de la vacunacíón es un fenómeno nuevo que se dio a partir del Covid?

-Exacto. Hay tres momentos: 2019, antes de la pandemia, con tasas de vacunación bajas por la pobreza y la falta de acceso a los medicamentos; luego, durante la pandemia, a fin diciembre y en el primer semestre de 2021, la gente se mostró voraz por la vacunación contra el Covid por el miedo a la muerte; el tercer momento es el del fin de la pandemia, la baja percepción del riesgo, la mezcla con ideologías políticas y la poca credibilidad de líderes sanitarios que hace que mucha gente no se vacune.

-¿Quiénes son los que terminan internados por Covid hoy? ¿Sólo gente con comorbilidades o hay también personas sin factores de riesgo?

-Fundamentalmente los mayores de 70 años o los menores de esa edad con enfermedad pulmonar, diabetes, obesidad, riesgo cardiovascular o inmunocomprometidos. Y que no han recibido vacunas en los últimos seis meses, sobre todo las dosis que han llegado a la Argentina en el último año, que son las bivalentes, que dan protección contra la hospitalización y la muerte. Esos son los grupos en los que las políticas sanitarias se deberían enfocarse.

Debbag recuerda que la gente que no tiene factores de riesgo debe vacunarse igual Debbag recuerda que la gente que no tiene factores de riesgo debe vacunarse igual «para cuidar a los otros». Foto: Lucía Merle-Leyendo esto, los menores de 70 años, o de 50, sin factores de riesgo, pueden hacerse entonces la pregunta de para qué deben vacunarse.

-La respuesta es que esa gente tiene que vacunarse para cuidar a los otros. Los hijos tienen que vacunarse para proteger a sus padres. Y también hay un capítulo muy importante con los niños, que han sido una de las principales deudas de la vacunación contra el Covid. En el primer año de vida se registra la mayor tasa de mortalidad infantil por Covid. Si se vacuna a las embarazadas, los bebés están protegidos por los primeros seis meses, pero después son niños que no han tenido contacto con el Covid, como los seres humanos en octubre de 2019, cuando aún no habíamos tenido contacto con el virus. En Estados Unidos, un estudio demostró que los menores de 18 años después de haber sufrido Covid tienen 2,7 veces más probabilidades de padecer diabetes. Y hay algo muy importante: se ha demostrado que las vacunas de ARN no han provocado efectos adversos en los chicos.

-¿Son muchos los padres que desconfían de la vacuna para sus hijos?

-Nosotros hicimos un estudio en Argentina y lo presentamos en Lisboa este año, en el Congreso Europeo de Infectología Pediátrica. Vimos que el 90 por ciento de los pediatras está de acuerdo con que el Covid puede traer complicaciones en pediatría, el 80 por ciento de ellos recomienda la vacuna en los menores de 5 años, pero sólo el 40 por ciento de los padres acepta la vacunación y el 10 por ciento efectivamente los vacuna.

-¿Perdimos de vista que la vacuna contra el Covid también sirve para cuidar al otro?

-Hace falta mayor comunicación comunitaria para el cambio de conducta, que la gente entienda, en base a la evidencia, desde entes que sean creíbles. Contrarrestar la desinformación. Recordar las pérdidas y el riesgo que implica tener Covid. Además, hay que mejorar el acceso a los servicios de vacunación. Hoy, la gente debería decir ‘voy a la esquina y me vacuno’. El ejemplo más claro es Córdoba, donde te podés vacunar en las farmacias. En el resto del país tenés que ir a un centro público, arreglar un horario.

-¿Hay posibilidad de que el escenario del Covid se complique más y haya que tomar otra vez medidas sanitarias desde el Estado?

-Actualmente es absolutamente improbable. Fundamentalmente porque esta nueva variante, la BA.2.86, ha mostrado cambios importantes en la estructura del virus y sin embargo las vacunas tienen un efecto muy neutralizante.

-¿En qué mejoraron las vacunas desde 2021 hasta ahora?

-El “estándar de oro” siguen siendo las vacunas de ARN. Si no hubiese habido vacunas contra el Covid se hubieran muerto entre 40 y 50 millones de personas como en la pandemia de gripe de 1918. Ahora hay nuevas vacunas. Una es la argentina ARVAC, que es proteica recombinante, muy segura, de más fácil producción y bajo costo, que tiene cobertura para todas las variantes que están apareciendo. Hay mucha expectativa, por este beneficio de ampliar el espectro contra las variantes nuevas.

Debbag dice que Debbag dice que «hay mucha expectativa» con la vacuna ARVAC porque «amplía el espectro contra las variantes nuevas». Foto: Lucía Merle-¿Es mayor el impacto sanitario del llamado “long Covid”, producto de infecciones pasadas, que el que puedan tener los contagios post pandemia?

-Muchas personas tienen “long Covid” y no son diagnosticadas, tanto en pediatría como en adultos. En las reinfecciones no está claro si el “long Covid” es mayor o menor. Pero los pacientes vacunados tienen 45 por ciento menos probabilidades de tener “long Covid” si tienen una infección posterior a la vacunación.

-Más allá de que el Estado ya no esté interviniendo en la vida de la gente para fijar reglas como el aislamiento. ¿Qué medidas de cuidado son recomendables para la población hoy?

-Tener las vacunas al día en general y también contra el Covid. Las vacunas en general previenen las enfermedades respiratorias. Y esto no es un dato menor. Por ejemplo, los adultos y los niños que no están protegidos contra el neumococo, si tienen Covid, van a incrementar la probabilidad de las otras infecciones. Hay una relación muy directa. El otro punto de cuidado importante es la higiene respiratoria: si el niño tiene resfrío o tos no lo mando al colegio; si tengo que ir a trabajar no voy, o si voy porque no puedo faltar lo hago con un barbijo.

-El barbijo fue útil durante largo tiempo y hasta se pensó que sobreviviría a la pandemia. ¿Hoy recomendarías seguir usándolo?

-Siempre tendría un barbijo a mano, sobre todo en estas semanas epidémicas. Y sobre todo si tengo enfermedad respiratoria. Si soy una persona con factores de riesgo y voy a ir a un lugar donde va a haber mucha gente y poca ventilación, me pongo el barbijo. Si tengo más de 70 años y tengo que usar el transporte público, hoy uso el barbijo. Porque sé que hay circulación y que la barrera del barbijo es muy eficaz.

-Otro tema que genera dudas ahora es el hisopado. Muchos se preguntan si ante los síntomas deben hisoparse o no. ¿Qué sería lo correcto?

-Deberían hisoparse las personas que tienen factores de riesgo y necesitan un cuidado especial: medir el oxígeno, si aumenta la tos o la fiebre. En la Argentina hay una gran deuda que es el antiviral Paxlovid contra el Covid, que si se toma baja el riesgo de complicaciones y hospitalización. Si eso existiera aquí, el testeo serviría para saber si hay que tomar ese medicamento. Pero esa ecuación no está en juego en nuestro país.

-Si hubiese una nueva pandemia en el futuro, ¿la cuarentena prolongada volvería a ser una medida sanitaria?

-No sé si habría cuarentenas. Con el conocimiento que se generó con el Covid, los métodos moleculares son muy rápidos para poder detectar a las personas infectadas. A eso se suma que, si es una enfermedad respiratoria, el uso del barbijo se ha mostrado como una de las barreras más eficaces. Y en cuatro semanas podríamos tener vacunas de ARN o proteicas. Los tiempos de hoy indican que si el virus surgiera en Wuhan, rápidamente se lo secuenciaría y no llegaría a Europa. O si llegara lo haría cuando ya hay una vacuna para controlar el brote. O sea, la posibilidad de pandemia empieza a ser baja con el nuevo conocimiento que hay. Puede ocurrir, pero sería difícil que en los próximos años se produzca una pandemia como la de 2020.

-Rebobinando tres años y con el diario del lunes, ¿qué fue lo mejor que se hizo en Argentina para enfrentar al Covid?

-(Silencio prolongado) Si la vacuna de ARN de Pfizer hubiera llegado antes, se hubieran evitado miles de fallecidos en Argentina. Eso es clarísimo. El avión que traía las vacunas y paró en Chile antes de llegar acá hubiera adicionado vacunas de ARN a las que ya había.

-La pregunta era por lo mejor que se hizo.

-Lo mejor fueron los enfermeros, los médicos y la gente que tomó conciencia y se cuidó. El efecto más importante estuvo en el trabajador de la salud. Fue el efecto sanitario de mayor respuesta, por la voluntad y la vocación.

-¿Hay algo positivo que haya dejado el Covid, que a pesar de las muertes y el sufrimiento se pueda decir que sirvió para algo?

-No quiero ser impertinente con las personas que han perdido familiares o quedado con secuelas físicas o mentales, pero creo que el advenimiento de la vacuna de ARN hizo y va a hacer que hoy los niños que nazcan en este mundo tengan probabilidad de vivir más tiempo. Hubo una fuerte aceleración del conocimiento. Porque las vacunas de ARN no sólo vinieron a prevenir enfermedades infecciosas, sino también para ser parte de la curación del cáncer. Ya han mostrado eficacia contra el melanoma de alto riesgo. También en el cáncer de páncreas. Y para el fin de esta década se espera que el tratamiento contra el cáncer, más allá de la quimioterapia, sea un tratamiento de precisión con vacunas de ARN. Hay una fuerte luz de esperanza. Y estas vacunas de ARN aparecieron por el Covid. En definitiva, la aparición del Covid aceleró la posibilidad de tratar y curar el cáncer.

Sus otras dos pasiones, la cocina y correr maratones

Roberto Debbag dice que de no haber sido médico le hubiera gustado ser cocinero. “Tiene mucho de afecto y de acto de amor, como ser médico”, explica. También es un apasionado del atletismo, que lo llevó a correr ya nueve maratones a pesar de haber descubierto esta actividad de grande, cerca de los 50 años. El último maratón lo corrió en Chicago, en 2019. Ahora está ansioso por correr en breve el de Berlín.

Roberto Debbag tras correr el maratón de Chicago, en 2019.Roberto Debbag tras correr el maratón de Chicago, en 2019.Debbag tiene más de 60 años -no quiere revelar el segundo dígito y se limita a decir que está en la “segunda mitad” de su vida-, está casado hace 30 y es padre de tres adultos jóvenes, a los que define como “la trascendencia de la vida”. Ninguno de ellos eligió la medicina como profesión. Tiene un varón ingeniero y dos mujeres: una es licenciada en recursos humanos y la otra, psicóloga.

-¿Qué fue lo que te llevó a tener una participación activa en la opinión pública durante la pandemia?

-Me formé con el gran maestro de la infectología en la Argentina durante décadas, Daniel Stamboulian. Y dentro de nuestras capacidades nos mostraba la necesidad de comunicar. Siempre pensé que la buena comunicación era una herramienta que debe tener el médico. Que me perdonen los colegas, pero el médico puede ser muy peligroso con sus palabras frente a determinada circunstancia. La pandemia permitió que pudiera tener este espacio de comunicar la ciencia basada en la evidencia.

-¿Por qué no integraste el grupo de “infectólogos oficiales” del Gobierno?

-No lo sé. Estaba en Estados Unidos y llegué después de la apertura de fronteras. Pero no sé si de haber estado me hubieran convocado. Yo tenía una relación académica con la actual ministra de Salud y con la mayoría de los infectólogos.

-¿Por qué decidiste ser médico y en particular infectólogo?

-Médico porque provengo de una pareja de padres (ama de casa y comerciante) donde siempre les importó ayudar a las personas. Y ser médico es ayudar a las personas. Infectólogo, porque cuando empecé a hacer pediatría la infectología era una especialidad muy concreta: buscar el diagnóstico, saber cuál era el germen que producía la infección y cómo curaba al niño con los medicamentos que había. Era muy práctica y daba resultados. El cuidado del tesoro más preciado que tienen las personas en este mundo que son los niños y los hijos es una cuestión adicional a la práctica pediátrica. Los pediatras -perdonen los médicos de adultos- somos algo especial.

Perfil

Comenzó la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires en 1974, se recibió en 1980 y se especializó en pediatría. En la segunda mitad de los ‘80 trabajó en la Fundación Centro de Estudios Daniel Stamboulian. Desde 2014 es Coordinador de Relaciones Institucionales Nacionales e Internacionales del Hospital Garrahan, donde también fue coordinador del Programa de Telemedicina. Es director científico en Digital Communications & Health Observatory (DC&HO), para el estudio de procesos, dinámicas y fenómenos de la comunicación en salud. Fue director médico del laboratorio Sanofi Pasteur y desde 2021 es presidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica.

Al toque

Un proyecto: Vivir sano para estar más tiempo junto a mi familia y mis amores

Un líder: Rolando Pajón, uno de los creadores de la vacuna de ARN

Un prócer: Sarmiento

Una comida: Pizza, caliente o fría

Una bebida: Champán

Una sociedad que admires: la colombiana, por su gente

Un recuerdo de la infancia: el abrazo de mamá.

Un sueño: seguir corriendo.

Un placer: correr.

Un libro: El amor en los tiempos del cólera.

Una serie: The Big Bang Theory

Una película: Coco

PS

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