lunes, 26 febrero, 2024
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Caso Pérez Algaba: «Quisieron instalar que era un garca», la bronca del hermano y los ocho balazos

«A mi hermano le ponías una bolsita de cocaína y salía corriendo. Ni fumaba. Tomarse una cerveza, sí», dice Rodolfo (59) sobre Fernando Pérez Algaba (41). Fue él quien reconoció, a través de fotos, lo que quedaba de su cuerpo descuartizado, en especial el tatuaje en los dedos de una mano relacionado con su inseparable compañero, «Cooper», el bull dog francés que ahora vive con una pareja amiga en Tigre.

A pesar de los audios con las amenazas que había recibido por distintas deudas, Rodolfo insiste en que Fernando no era un estafador. «Quisieron instalar que era un garca, todos los que lo señalaron, pero acá es fácil es ensuciar a un muerto, porque el muerto no habla, no tiene derecho a defenderse», afirma.

«No somos gente de cagar a nadie», remarca Rodolfo tras decir una muletilla («Te voy a ser sincero») que repetirá varias veces más durante la entrevista con Clarín.

A Fernando no le decían «Lechuga», contra lo que algunos presumen, por su afán por el dólar. El apodo se lo pusieron cuando era chiquito y se le rompió un diente en el jardín. Como el material que le colocaron de relleno no era de buena calidad, se le hizo una marca verde en la «paleta» y daba la apariencia de una lechuga. Después se lo arregló, pero «Lechuga» quedó para siempre.

A la víctima, según los investigadores, lo mataron de dos balazos por la espalda en el predio inmobiliario «Renacer», de General Rodríguez, adonde se encontró con sus ex socios y amigos Maximiliano Pilepich (45) y Nahuel Vargas (43).

Rodolfo Pérez Algaba, hermano de Fernando, asesinado y descuartizado.Rodolfo Pérez Algaba, hermano de Fernando, asesinado y descuartizado.Sus restos fueron hallados descuartizados entre el 22 y el 24 de julio en el Arroyo del Rey, en Ingeniero Budge, Lomas de Zamora.

«Pinturería de casas» es a lo que se dedica el hermano del hombre asesinado. Según cuenta, que su apellido se haya hecho conocido por el impacto mediático del crimen de su hermano no hizo que perdiera trabajo.

Fernando Pérez Algaba, con su madrina.Fernando Pérez Algaba, con su madrina.«Todo el mundo me conoce, saben quién soy yo. Quedaron impactados, pero no por eso me cortaron. Todo lo contrario, me han ofrecido ayuda. Amigos de mi hermano de la infancia, amigos que no fueron de la infancia, todo el mundo me llamó», comenta.

Pérez Algaba sí admite que para los gastos de sepelio tuvieron que ayudarlo. «Me agarró sin plata, entre todos pagaron, algo así como 300 mil o 400 mil pesos», calcula sin recordar demasiado.

Dónde están los restos de Fernando Pérez Algaba

Los restos de Fernando fueron colocados en un nicho del cementerio de Morón. «No vi los memes que hicieron con mi hermano. No le doy bola a eso«, asegura en referencia a la andanada de «chistes» de mal gusto que circularon por WhatsApp y en las redes sociales, como uno que señalaba que lo velaban en varias salas.

Por orden judicial, el cuerpo no puede ser cremado y debe permanecer un año en nicho. La idea, más adelante, es hacer lo mismo que con su mamá, cuyas cenizas fueron esparcidas en el océano de Mar del Plata, adonde la familia solía ir de vacaciones.

Fernando Pérez Algaba, junto a Nahuel Vargas.Fernando Pérez Algaba, junto a Nahuel Vargas.Rodolfo dice no tener miedo. «No es que me quiera hacer el héroe, pero en el 2002 hacía mecánica de autos, me corrieron en un auto, un día de lluvia, para robarme una Honda 900, y me pegaron ocho tiros de una 38: cinco en el pecho y tres en un brazo. Estuve seis meses en terapia en el hospital de Haedo y otros seis en recuperación. No era mi fecha», subraya.

Lo tranquiliza el hecho de que «la gente culpable por ahora está presa».

Los Pérez Algaba

Rómulo Pérez Algaba, su abuelo, fue oficial principal de bomberos de la Policía Federal Argentina (PFA) e intervino durante la quema de iglesias católicas del 16 de junio de 1955, realizada en supuesta represalia por el bombardeo en Plaza de Mayo que dejó más de 300 muertos y más de 2.000 heridos.

Rodolfo Mario Pérez Algaba, su papá y homónimo, era mecánico y «corrió en Turismo Carretera» en la década del ’60.

Los papás de Fernando Pérez Algaba: Mario Rodolfo y Rosalía Carmen Pechinino.Los papás de Fernando Pérez Algaba: Mario Rodolfo y Rosalía Carmen Pechinino.«Mi viejo tuvo un taller mecánico en Donato Álvarez y Neuquén, frente a Plaza Irlanda (en Caballito). Ahí atendía los vehículos del Policlínico Bancario. A los 62 años, en 2001, por la presión, la crisis, los problemas económicos, se suicidó», recuerda Rodolfo, quien tiene como abogado a Javier Baños, ex fiscal de Morón.

Su mamá, Rosalía Carmen Pechinino, fue peluquera durante «muchos años». Después estudió y terminó «siendo gestora-mandataria de autos». Falleció a los 78 años, en 2017, de «muerte natural», añade su hijo mayor.

Rosalía Carmen Pechinino, la mamá de Fernando Pérez Algaba.Rosalía Carmen Pechinino, la mamá de Fernando Pérez Algaba.Vivieron en el barrio de La Paternal. El primer hijo del matrimonio fue una nena, que murió a los pocos días, aparentemente por «mala praxis». Cuando Rodolfo cumplió los 16, se mudaron a Ituzaingó. Allí estaban cuando nació Fernando, 18 años después que su hermano, el 17 de marzo de 1982, en el Hospital Rivadavia.

Fernando, que hizo el secundario en el Colegio Alberdi, de Castelar, repartía su excéntrica vida entre Miami, Barcelona y Puerto Madero. No la ocultaba para nada, sino todo lo contrario. Esto puede corroborarse en las fotos y videos que subía a su cuenta de Instagram (@fernandoperezalgaba), ahora con 925 mil seguidores, varios de ellos curiosos que quieren indagar sobre él y hasta le comentan las publicaciones.

El predio Renacer, donde habrían matado y descuartizado a Pérez Algaba. Foto TélamEl predio Renacer, donde habrían matado y descuartizado a Pérez Algaba. Foto Télam«Dime de qué alardeas y te diré de qué careces. La vida no te debe nada. Quien tiene tiene magia no necesita trucos. Resiliencia«, dice su bio.

En julio último volvió al país y alquiló por unos días un departamento en Ituzaingó. Fue su dueña la punta del iceberg para descubrir una trama macabra, cuando se alarmó porque tenía que entregarlo y no aparecía.

Nahuel Vargas (43) y Maximiliano Pilepich (45), detenidos por el crimen de Fernando Pérez Algaba (41).Nahuel Vargas (43) y Maximiliano Pilepich (45), detenidos por el crimen de Fernando Pérez Algaba (41).Todo empezó como una «averiguación de paradero» y terminó con ocho detenidos, incluyendo a la primera persona que fue presa, una mujer trans que nada tenía que ver y que había sido falsamente incriminada por su hermano al decir que era la dueña de la valija roja donde encontraron las piernas y los brazos de «Lechuga». El torso y la cabeza aparecieron en otros bolsos, también dentro de bolsas de nailon negras.

Para Rodolfo, desde el día 1 de la investigación él sospechó de dos personas: del barrabrava de Boca Gustavo Iglesias, cuyos audios con amenazas circularon por los medios, y -sobre todo- de Pilepich. «Éste es el que le debe a mi hermano«, pensó.

«No es cierto que mi hermano era un ludópata. Jugaba como cualquiera», reconstruye Rodolfo, que llegó a trabajar en una de las concesionarias de autos que había puesto Fernando.

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Se lo mandó a un amigo para pedirle ayuda para ir a «romperle la cabeza» al dueño de una agencia de autos que le debía plata.

Fue él quien lo introdujo en el negocio de la compraventa de autos. «Se lo enseñé yo, que de chico yo vendía motos. De una Honda 100 llegué a una Honda 900. Fernando era recontra hábil para los negocios. Creía mucho en la palabra. Yo al revés, creo en lo escrito», sostiene Rodolfo.

«Lechuga» se metió de lleno con las concesionarias, entre ellas una de la firma Renault en la zona de Puente Pacífico. Primero fueron autos comunes, luego se pasó a los de alta gama. E incursionó por un tiempo en el negocio de las criptomonedas.

Rodolfo aclara que su hermano era «un emprendedor» y resume: «Si venías hoy y le proponías un negocio que le parecía que iba ser redituable, se metía, siempre que fuera dentro de lo legal».

Los vínculos con Maximiliano Pilepich y Nahuel Vargas

Dice haberse cruzado varias veces con Pilepich y Vargas. Sobre el primero, puntualiza: «No fue socio de mi hermano nunca, que él le daba autos a mi hermano para vender es mentira». Sobre el segundo, indica que «desde que era muy chico, era un pibe de bajos recursos» que se convirtió «un trepador» y en un «adicto» a las drogas.

La última comunicación con su hermano fue a principios de año, vía telefónica. «Me dijo que iba a venir para Buenos Aires porque Pilepich le había dado, por unos departamentos en Hurlingham, dos autos en parte de pago: un Audi R8 y otro que no recuerdo si era un Audi o un BMW, pero que Pilepich lo había cagado, le falsificó la firma de los 08″, expresó.

Nahuel Vargas, ex amigo y ex socio de Fernando Pérez Algaba, detenido.Nahuel Vargas, ex amigo y ex socio de Fernando Pérez Algaba, detenido.Por ello decidió venir a la Argentina, «a cobrar supuestamente los (17) lotes esos que le daba en General Rodríguez, por el tema de la deuda», que ascendía -según la Justicia- a 50 mil dólares.

Allí entró en acción la gestora Flavia Bomrad (38), también presa, quien tenía un vínculo con Pilepich que viraba de lo comercial a lo amoroso. «Ella le dijo que fuera tranquilo, que Pilepich le iba a dar la plata. Él se confió al ir. Ahí lo mataron», enfatizó.

La gestora Flavia Bomrad, detenida por el crimen de Fernando Pérez Algaba.La gestora Flavia Bomrad, detenida por el crimen de Fernando Pérez Algaba.Los dos principales imputados declararon ante el fiscal y se echaron la culpa. Los dos dijeron que el que disparó fue el otro. Fue a traición, por la espalda, mientras «Lechuga» cambiaba una lamparita, coincidieron.

«Para mí el que dice la verdad es Vargas, que trabajaba para Pilepich. No lo veo con los huevos suficientes como para matar a otra persona«, especula Rodolfo.

Maximiliano Pilepich, detenido por el crimen de Fernando Pérez Algaba.Maximiliano Pilepich, detenido por el crimen de Fernando Pérez Algaba.Pilepich le hizo una videollamada algunos días antes del crimen. Él no tenía agendado su número. «A esa altura, mi hermano ya estaba muerto», cree.

«Me dijo que quería reunirse conmigo, tenía que hablar conmigo porque Fernando estaba amenazado. Le respondí que no tenía ningún problema en ir. Me cortó la llamada y no me quedó registrado. Para mí lo hizo desde el teléfono que le dio el comisario», manifestó, en alusión a Horacio Mariano Córdoba (48), de la Policía de la Ciudad, quien asesoró a Pilepich en la planificación y el ocultamiento de rastros.

Horacio Mariano Córdoba (48), el comisario de la Policía de la Ciudad detenido por el crimen de Fernando Pérez Algaba (41).Horacio Mariano Córdoba (48), el comisario de la Policía de la Ciudad detenido por el crimen de Fernando Pérez Algaba (41).Para el hermano de «Lechuga», él pudo haber sido otra víctima ya que Fernando le había ofrecido ir al predio «Renacer» a trabajar, para vigilar quién entraba y quién salía: «Para mí no fue una idea de mi hermano, se lo propuso Pilepich. Matabas al cabo suelto y a la persona que vos le debías. A esta gente se le escapó la liebre, y la liebre era yo«.

EMJ

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