El programa económico implementado en los últimos años ha evidenciado una evolución significativa, donde las medidas prácticas han primado sobre los postulados teóricos iniciales. De las promesas de campaña más radicales, como la dolarización, se pasó a un enfoque que prioriza el orden fiscal, una mayor apertura comercial y la desregulación, partiendo de una situación económica compleja.
La evolución de la política cambiaria
Tras una devaluación inicial, la primera etapa mantuvo controles cambiarios y estableció un sistema de devaluación gradual («crawling peg») junto con la búsqueda de superávit fiscal para combatir una inflación muy elevada. La escasez de reservas y las tensiones en el tipo de cambio real llevaron luego a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que permitió flexibilizar el cepo y fortalecer las reservas.
El primer esquema de bandas cambiarias acordado con el organismo multilateral mostró, según analistas, limitaciones en su diseño, al fijar una banda superior con poco margen en un contexto de reservas escasas y sin acceso al crédito internacional. Este modelo se agotó el año pasado, influenciado por la incertidumbre electoral y por un esquema monetario que generaba alta volatilidad en las tasas de interés.
El nuevo rumbo y los desafíos persistentes
Superado el período electoral, el equipo económico introdujo ajustes que apuntan a un mayor pragmatismo. Se priorizó la acumulación de reservas, se mejoró la política monetaria para suavizar la volatilidad de las tasas y se modificó la política cambiaria. El nuevo esquema indexa el tipo de cambio a la inflación pasada, lo que busca evitar un atraso cambiario en términos reales y reducir el riesgo de problemas en el balance de pagos.
La batalla contra la inercia inflacionaria
A pesar de los avances en la reducción de la inflación desde niveles críticos, la inercia de precios se mantiene como un obstáculo central. Factores externos, como el conflicto en Medio Oriente que presiona los precios de la energía, y el aumento internacional de la carne, añaden complejidad al escenario. Además, se espera que las negociaciones salariales, en un intento por recuperar poder adquisitivo, contribuyan a sostener esta inercia en los próximos meses.
Lecciones de la región y el camino a seguir
Experiencias históricas en países como Chile y Uruguay ofrecen un marco de referencia. Tras crisis cambiarias, ambos implementaron programas de desinflación gradual que, si bien tardaron casi una década en alcanzar inflación de un dígito, lo lograron sin nuevas crisis y con un crecimiento económico y acumulación de reservas consistentes.
El éxito del proceso local dependerá de la capacidad para sostener la disciplina fiscal, continuar con la acumulación de reservas y evitar apreciaciones cambiarias excesivas. Sectores clave como el agro, la minería y la energía son vistos como pilares para generar los dólares necesarios y hacer este ajuste menos traumático. Los analistas coinciden en que el pragmatismo, en este contexto, se traduce en paciencia y en reconocer que el camino hacia la estabilidad no será lineal.
