Una energía particular recorre los pasillos del teatro El Picadero los jueves por la noche. Al finalizar la función de «Le Frigó», el público sale conmovido, generando una descarga eléctrica que, según el actor Manu Fanego, solo es posible en el ámbito teatral. La obra, escrita por el controvertido Copi, presenta a una mujer al borde del abismo, interpretada por Fanego con una entrega total que no deja espacio para la contención.
Encuentro con un texto desafiante
Fanego reconoce que la propuesta de protagonizar «Le Frigó» inicialmente le generó dudas. «No fui un fanático de Copi; su escritura me chocaba», admite. Sin embargo, al encarnar el texto, encontró un orden en esa retórica que antes lo distanciaba. «Es tan políticamente incorrecto que al principio me atemorizó, porque estaba en las antípodas de mis estructuras», explica. Para el actor, es crucial que voces diversas, no necesariamente progresistas, aborden temas como la identidad, la salud mental y la soledad, especialmente en un contexto donde ciertos derechos conquistados podrían verse amenazados.
Una herencia escénica visceral
La potencia física de su actuación evoca a referentes como Alejandro Urdapilleta, Batato Barea o Verónica Llinás. Fanego atribuye esto a su formación en la escuela de Guillermo Angelelli, vinculada al Parakultural y al Club del Clown. «Para mí lo físico siempre está muy disponible. No soy un actor realista del método; busco estar lo más liviano posible», afirma. Este abordaje le permite comprender mejor al autor después de pasar la obra por el cuerpo, descubriendo el sentido de las escenas desde la acción más que desde la lectura.
El varieté como raíz y refugio
Su camino artístico tiene una raíz profunda en el varieté, un género que valora la inventiva ante la falta de recursos. «Me fascina la capacidad que tenemos como pueblo de crear teatro, de construir mundos posibles», sostiene. Este espacio fue también una forma de forjar una identidad propia más allá de la figura de su padre, el reconocido actor Daniel Fanego. «El varieté me abrió la posibilidad de un camino propio dentro de un lenguaje que mi viejo no experimentó», confiesa. Recientemente, con su grupo Los Bla Bla en el Coliseo Podestá, redescubrió la arena del circo bajo la platea, recordando esa raíz teatral nacional donde el público es cómplice y tiene una relevancia fundamental.
El teatro por encima de todo
A pesar de su creciente presencia en series y películas como «El amor después del amor» y «Cris Miró (Ella)», Fanego deja en claro su prioridad. «En mi caso, el teatro manda», sentencia, colocándolo por encima en experiencia y significado. Para él, cada función es un acto colectivo donde la complicidad con el espectador es irremplazable, consolidando al escenario como el territorio donde se siente más plenamente él mismo.
