El fotógrafo tucumano Jorge Luengo, oriundo de Villa 9 de Julio, documentó durante dos décadas la vida de Diego Maradona. Su vínculo comenzó en 1994 en Punta del Este y se extendió hasta 2014, abarcando momentos en Cuba, Dubái y Sudáfrica.
El fotógrafo tucumano Jorge Luengo, de 60 años, nació en Villa 9 de Julio y vivió en Ciudad oculta, Buenos Aires, antes de convertirse en fotorreportero de la revista Gente. Su relación con Diego Maradona comenzó en diciembre de 1994 en Punta del Este, cuando el futbolista, durante un seguimiento de fotógrafos, se bajó del auto y encaró a Luengo. Según relató el fotógrafo, Maradona le dijo: «Escúchame una cosa, Indio, córtala con el seguimiento porque vamos a terminar mal». Esa noche, en el boliche Coyote, Maradona se acercó a Luengo, lo abrazó y le dijo: «A partir de ahora, me vas a hacer las fotos, pero perdóname vos a mí, yo no tendría que haber hablado así». A partir de ese momento, Luengo fotografió a Maradona en eventos públicos y privados hasta 2014.
Luengo también relató que fotografió a Maradona en Cuba durante su tratamiento de rehabilitación en la clínica La Pradera en enero de 2000. Allí capturó la imagen en la que Doña Tota besa la frente de Maradona mientras descansa en una hamaca paraguaya. Según Luengo, esa fue la foto preferida de Maradona. El fotógrafo acompañó a Maradona en el Mundial de Sudáfrica 2010 como DT de la selección argentina y en Dubái cuando dirigió al Al Wasl FC.
Luengo publicó el libro «Diego», que documenta el partido homenaje a Maradona del 10 de noviembre de 2001 en la Bombonera. Luengo afirmó que fue el único fotógrafo autorizado a entrar al campo de juego durante ese evento. El fotógrafo señaló que Maradona lo autorizó en 2011 a usar sus fotos para el libro.
Luengo recordó su primer encuentro con Maradona el 3 de noviembre de 1978 en la cancha de San Martín en Ciudadela, cuando Maradona jugaba con la selección juvenil contra el Cosmos de Nueva York. En esa ocasión, Luengo, de 13 años, saltó al campo y tocó a Maradona. A los 17 años, Luengo se mudó a Buenos Aires con una cámara Pentax K1000, regalo de su tío Manuel. Trabajó en una carnicería y luego como fotorreportero para la revista Gente, donde publicó su primer trabajo fotográfico sobre el robo de una bebé en Ciudad oculta.
