El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, comunicó este miércoles que su país iniciará una disminución gradual de las exportaciones de gas hacia Ucrania. La condición para revertir esta medida es la reanudación del tránsito de crudo ruso por el oleoducto Druzhba, cuyo flujo se encuentra interrumpido desde hace aproximadamente dos meses.
Una disputa con alto impacto energético
La decisión de Budapest tiene un peso estratégico para Kiev. Durante el año pasado, cerca del 45% del gas importado por Ucrania ingresó a través de rutas que pasan por Hungría. Aunque esta cifra bajó al 38% en enero, la vía sigue siendo crucial para la estabilidad del sistema energético ucraniano, que prevé importar hasta 25 millones de metros cúbicos diarios desde Europa del Este.
«Mientras Ucrania no suministre petróleo, no recibirá gas de Hungría», declaró Orbán en un mensaje en redes sociales, acusando a Kiev de ejercer un «chantaje». El gobierno húngaro afirmó que el gas que deje de exportarse se utilizará para fortalecer sus reservas internas y mantener regulados los precios para los consumidores locales.
Posiciones enfrentadas sobre el oleoducto
El eje del conflicto es el oleoducto Druzhba, una infraestructura clave para el suministro de crudo ruso a Hungría y Eslovaquia. Estos dos países, cuyos gobiernos mantienen posturas más cercanas al Kremlin dentro de la Unión Europea, acusan a Ucrania de obstruir deliberadamente el flujo.
Por su parte, las autoridades ucranianas sostienen que los daños en la infraestructura son consecuencia directa de los ataques rusos y que las reparaciones se realizan en condiciones de extremo riesgo. El presidente Volodímir Zelenski ha mostrado, además, reticencia a facilitar el tránsito de petróleo ruso como parte de la estrategia para debilitar los ingresos de Moscú.
Contexto de tensiones políticas
La medida anunciada por Hungría se suma a otras acciones recientes de presión contra Ucrania. Budapest ya había suspendido el envío de diésel y bloqueado temporalmente un paquete de ayuda financiera de la UE por 90.000 millones de euros. Orbán también prometió vetar nuevas decisiones del bloque a favor de Kiev mientras no se restablezca el suministro de petróleo.
Analistas señalan que esta ofensiva diplomática refuerza el perfil de Hungría como uno de los aliados más cercanos a Rusia dentro de la UE, en un momento de creciente aislamiento político en Bruselas. Simultáneamente, la retórica del primer ministro húngaro se ha intensificado en el contexto de una campaña electoral interna, donde ha llegado a calificar a Ucrania como «enemigo».
Incertidumbre en el mercado energético
La disputa se enmarca en un escenario global de alteración de los mercados energéticos. Ucrania ha intensificado en las últimas semanas sus ataques con drones contra instalaciones petroleras rusas, afectando, según algunas estimaciones, hasta el 40% de la capacidad de exportación de crudo de Rusia.
Estos movimientos buscan mermar los ingresos del Kremlin, que destina una parte sustancial a financiar el esfuerzo bélico, pero generan efectos colaterales en el suministro regional. La interrupción del Druzhba es una de las mayores disrupciones recientes en el sector energético ruso y ocurre en un momento de alta volatilidad en los precios internacionales del petróleo.
