martes, 17 febrero, 2026
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La CGT, forzada a un paro que nunca quiso

La sensación de estar entre la espada y la pared dominó los intercambios en la primera línea de la CGT desde la media sanción de la reforma laboral en el Senado la semana pasada y terminó activando -a regañadientes para algunos dirigentes- el llamado al cuarto paro general contra la gestión de Javier Milei que la principal central sindical oficializó este lunes. La inclusión en el proyecto del polémico artículo que modifica el régimen de licencias laborales y habilita recortes salariales en casos de enfermedad o accidentes, que como ningún otro elemento de la reforma caló rápido en la opinión pública y envalentonó a los gremios más combativos, no le dejó margen a la cúpula de Azopardo para demorar una estrategia de endurecimiento hacia la Casa Rosada que ya estaba cantada. Nada, sin embargo, en la definición de la nueva huelga general, que esta vez sumará la adhesión clave de los gremios del transporte, habilita a pensar que -más allá de la necesidad de mostrar los dientes frente a la encerrona coyuntural- la CGT tenga decidido transitar el sendero hacia una ruptura total con el Gobierno libertario. Pasados los nubarrones volverá aflorar el espíritu dialoguista desplegado por los jefes sindicales desde el arribo de Milei a la Presidencia.

Las expresiones que apuntaron los gremialistas en la reunión por zoom en la que se consensuó la convocatoria al paro sin movilización orgánica así lo atestiguaron. El mensaje oficial de la central cargó las tintas sobre la interna libertaria para justificar la escalada en la protesta. «Tocaron cosas que hicieron mucho ruido y nos forzaron a mostrar el descontento», argumentó un referente de peso de la conducción, que deslizó cierta acusación de deslealtad hacia el Gobierno en la negociación informal abierta para discutir posibles cambios en la reforma.

En esa línea, los embates más marcados de los sindicalistas tuvieron como blanco directo a la titular del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, a la que acusaron directamente por la inclusión del polémico artículo de las licencias médicas en el proyecto. «Se descolgó, se cortó sola y se pasó de rosca», reprochó otro gremialista. Puertas adentro de la central interpretaron que Bullrich juega a fondo para convertirse en la «gran protagonista» de la reforma, en una clara apuesta por utilizarla como trampolín para sus aspiraciones de cara a 2027. Candidata a vice de Milei o para la jefatura de gobierno porteña, discurrían los gremialistas.

El afán por fundamentar la decisión del paro en un supuesto ¿engaño? del Gobierno a la voluntad dialoguista desplegada por los caciques más moderados de la central, no alcanzó para ocultar -sin embargo- los propios errores de la gestión sindical en la conversación con los delegados del Gobierno y el ruido que el fracaso de esa estrategia generó en la interna cegetista. Es que la presión del entramado de gremios más duros y con terminales directas con el kirchnerismo escaló con fuerza en las últimas semanas a la par que el plan de los dialoguistas evidenciaba serias limitaciones para atemperar los aspectos más conflictivos de la reforma.

«Mientras se recortan derechos de los trabajadores, ellos quedaron defendiendo sus cajas«, se quejó uno de los líderes del flamante Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), donde se encolumnan con rol combativo la UOM, aceiteros, pilotos, ATE y las dos CTA. Daniel Yofra, de aceiteros, recurrió a una ironía al comparar a la cúpula cegetista con un perro que no muerde: «¿Sabés por qué no llaman a la CGT al diálogo? Porque no hacen huelga, para qué la van a llamar. Le pasás por al lado y no te tira el tarascón, eso es lo que pasa con la CGT».

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