lunes, 27 mayo, 2024
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La trágica historia de Elena Mukhina, la gimnasta elegida por la Unión Soviética para superar a Nadia Comaneci

Sometida a un entrenamiento riguroso, la joven sufrió un accidente mientras practicaba un ejercicio muy peligroso, que luego fue prohibido, y quedó cuadripléjica.

La carrera deportiva de Elena Mukhina ilusionaba a la Unión Soviética con destronar a la rumana Nadia Comaneci en los Juegos Olímpicos de Moscú 80, pero la tragedia golpeó duramente a la estrella de la gimnasia artística. (Foto: themedalcount.com)

La carrera deportiva de Elena Mukhina ilusionaba a la Unión Soviética con destronar a la rumana Nadia Comaneci en los Juegos Olímpicos de Moscú 80, pero la tragedia golpeó duramente a la estrella de la gimnasia artística. (Foto: themedalcount.com)

Elegida por la Unión Soviética para desbancar a la gimnasta rumana Nadia Comaneci del trono, Elena Mukhina parecía destinada a llegar a la cumbre del éxito deportivo. Sin embargo, en pleno camino a la gloria, las presiones la llevaron a hacer un ejercicio demasiado arriesgado en plena recuperación de una fractura y quedó cuadripléjica.

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Para tener una real dimensión de la trágica historia de esta deportista que tenía 20 años recién cumplidos cuando ocurrió ese dramático episodio, basta saber lo que le había dicho su despótico entrenador, Mikhail Klimenko, cuando ella alertó sobre la peligrosidad del ejercicio por el que quedó postrada: “Gimnastas como tú no se parten el cuello”.

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En plena Guerra Fría, la Unión Soviética estaba obsesionada con marcar supremacía en el deporte y la gimnasia artística era una disciplina en la que siempre acaparaba medallas. Hasta que apareció la rumana Nadia Comaneci para subirse a lo más alto del podio.

Elena Mukhina, ascenso y caída

La fulgurante aparición de Elena hizo creer que tenían la solución para recuperar el liderazgo perdido. Y lo estaban logrando, porque en el Mundial de 1978, que se llevó a cabo en Estrasburgo, Mukhina deslumbró a todos con su destreza.

La joven moscovita conquistó el título en el all around y lideró al seleccionado soviético que consiguió la medalla dorada en la prueba por equipos, dejando a Comaneci y a Rumania en el segundo escalón del podio. En ese torneo fue también oro en suelo y platas en barras y en viga.

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Obligada a hacer un peligroso ejercicio en plena recuperación de una fractura, la gimnasta soviética sufrió una seria lesión que la dejó cuadripléjica de por vida.

A partir de ese momento empezaron los problemas. Primero, mientras se preparaba para el Mundial del 79, en los Estados Unidos, se fracturó una pierna y debió afrontar una recuperación que ponía en duda su presencia en el cita olímpica del año siguiente, que era nada más y nada menos que en Moscú.

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El régimen soviético apuntaba a recuperar el oro en sus propios Juegos Olímpicos y para ello la necesitaba a Elena en plenitud. Por eso su entrenador, el riguroso Klimenko, apuró su regreso a los entrenamientos. Ella aún no estaba lista, pero fue obligada a volver. Las consecuencias resultaron devastadoras.

Apenas dos semanas antes de los Juegos, mientras el equipo se encontraba concentrado en la ciudad de Minsk, Mukhina debió entrenar el peligroso salto Thomas, porque el entrenador quería sorprender a los jurados con un ejercicio fuera de lo común.

Elena Mukhina firma autógrafos en el Mundial de Estrasburgo, en 1978, cuando logró el oro y se perfilaba para desbancar a la rumana Nadia Comaneci del trono olímpico. (Foto: Igor Utkin/TASS)

Elena Mukhina firma autógrafos en el Mundial de Estrasburgo, en 1978, cuando logró el oro y se perfilaba para desbancar a la rumana Nadia Comaneci del trono olímpico. (Foto: Igor Utkin/TASS) Por: Igor Utkin | ÒÀÑÑ

Elena no pudo alcanzar la altura necesaria y al caer se golpeó el mentón contra el suelo, llevando su cabeza hacia adelante con mucha fuerza. El diagnóstico fue durísimo: fractura de vértebras cervicales y parálisis completa del cuello para abajo.

La gimnasta, nacida el primero de junio de 1960 en Moscú, denunció -dos años después- que su lesión pudo haberse evitado. Ella había avisado a su entrenador que sentía constantes dolores en su pierna fracturada y que ese ejercicio, que luego fue prohibido por las autoridades, era demasiado peligroso. Klimenko fue inflexible y en ese momento dijo la frase premonitoria: “Las gimnastas como tú no se parten el cuello”.

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El salto Thomas, prohibido de la gimnasia artística femenina y masculina luego del accidente de Mukhina era denominado «el salto de la muerte» por su peligrosidad.

Elena también tenía una historia familiar dramática: su padre la había abandonado cuando ella era un bebé. Siendo niña, también perdió a su madre en un incendio y quedó al cuidado de una abuela. En la gimnasia encontró un refugio que la sacó de la tristeza y le permitió sobresalir por sus extraordinarias habilidades.

Problemas cardiovasculares derivados de su parálisis desencadenaron su muerte, el 22 de diciembre de 2006, a los 46 años. Aunque no se convirtió en la leyenda del deporte que estaba llamada a ser, dejó un invalorable legado respecto de las nefastas consecuencias de la obsesión por el éxito deportivo.

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