lunes, 27 mayo, 2024
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Superávit fiscal es más por efecto licuadora que por la motosierra

Una de las principales promesas de campaña del presidente Javier Mieli fue la de avanzar en un profundo ajuste del gasto público que permita llegar a fin de 2024 al equilibrio fiscal. Y en los primeros cien días de gobierno logró que las cuentas públicas registren superávit fiscal primario dos meses consecutivos, algo que no ocurría desde agosto de 2019. Sin embargo, los economistas plantean que el ajuste del gasto es una buena señal pero fue más por efecto licuadora que de motosierra, y afirman que no es sostenible esa dinámica en los próximos meses.

Tras el rechazo del DNU en el Senado, el ministro de Economía Luis Caputo adelantó la difusión del resultado de las cuentas del sector público no financiero de que arrojó un superávit primario en febrero de $1.232.525 millones y un superávit financiero (luego del pago de intereses de la deuda) de $338.112 millones. 

De esta forma, las cuentas públicas acumularon en el primer bimestre un superávit fiscal primario de $3,2 billones o 0,5% del PBI, y uno financiero de $0,86 billones .Es la primera vez desde 2011 que el primer bimestre del año es superavitario en ambas métricas.  Así, Francisco Ritorto, analista de ACM indicó que «actualmente hay un sobrecumplimiento con la meta del FMI» prevista para el primer trimestre en $962.400 millones (0,15% del PBI).

En ese sentido, Isaías Marini, analista de Consultatio Plus señaló que «los resultados dejan un amplio margen para marzo, podría registrar déficit primario de casi $2.3 billones y aún así cumplir la meta».

Superávit fiscal: más licuadora que motosierra

El saldo positivo fiscal de febrero es producto de que los ingresos disminuyeron un 6,3%  en términos reales mientras que el gasto primario se contrajo un 36,4% interanual

Un análisis de PPI precisó que «mirando en detalle las erogaciones, los únicos dos conceptos que volvieron a presentar un recorte nominal fueron las transferencias corrientes a provincias (-45,4% versus -0,9% en enero) y los gastos de capital (obra púvlica, -54,4% versus -50,3%), contribuyendo con un recorte real del gasto de $0,12 billones y $0,58 billones, respectivamente.

Los gastos primarios cayeron en febrero 36,4% interanual en términos reales

Los gastos primarios cayeron en febrero 36,4% interanual en términos reales

«Por lo tanto, la caída restante por $1,76 billones se explica por la licuadora en vez de la motosierra», enfatizó. 

En ese marco, detalló que la retracción del gasto se basó: en una contracción de 29,7% en prestaciones sociales, explicado en 77% por la merma en jubilaciones y pensiones (-38% o -$0,87 billones) dado el lag en la fórmula de ajuste respecto a la inflación; un recorte de 42,8% en subsidios económicos, principalmente en energéticos (-44,5% o -$0,22 billones); un ajuste de 15,6% o $0,17 billones en los gastos de funcionamiento, mayormente basado en salarios (-10,7% o -$0,93 billones); y una caída de 43,4% o $0,17 billones en otros gastos corrientes.

Ritorto comentó que «la dinámica del gasto que se registró en el primer bimestre fue la misma: una compensación del déficit mediante recorte y licuación» del gasto. sobre todo en lo que respecta a obra pública y el gasto social: entre las prestaciones sociales (jubilaciones + planes sociales) y la quita de subsidios se puede explicar aproximadamente el 60% de la reducción del gasto vista tanto en enero como en febrero».

Por el lado de los ingresos, la consultora Outlier resaltó que «siguieron destacando los tributos asociados al Comercio Exterior (efecto devaluación), pero principalmente el Impuesto PAIS que se vió beneficiado por el aporte de las suscripciones del BOPREAL (el bono para importadores) serie II». Y puntualizó que «los tributos que más crecieron fueron los derechos de exportación (+404,8% interanual), los derechos de importación (+393,9%) y el impuesto PAIS».

Asimismo, la consultora sostuvo que buena parte de la mejora de los resultados durante el primer bimestre también lo fue «por la acumulación de deuda flotante, relevante en el caso de los subsidios económicos».

Al respecto, un informe de LCG especificó que «el Gobierno redujo a casi la mitad el stock de deuda flotante por los compromisos devengados en lo que va de 2024: en enero solo había pagado el 46% del gasto devengado, y con febrero cerrado ese porcentaje se elevó a 70%». No obstante, recalcó que «la deuda flotante suma $ 2,9 billones, equivalente a 0,4% del PBI. Se trata de un monto similar al del superávit alcanzado».

Uno de los factores que contribuyó al superávit del primer triemestre es la acumulación de deuda flotante

Uno de los factores que contribuyó al superávit del primer triemestre es la acumulación de deuda flotante

Superávit fiscal: ¿es sostenible en los próximos meses?

Marini sostuvo que «el resultado fiscal de los primeros dos meses del año fue muy positivo, y el mercado tomó nota de ello, pero en buena medida se basó en factores que no son sostenibles en el mediano plazo». Y dijo que «además de que la estacionalidad de los primeros meses del año juega a favor, la caída del gasto estuvo explicada en un 37% por licuación de las jubilaciones y la caída de los subsidios económicos estuvo en gran parte explicada por atraso en pagos a CAMMESA».

En ese marco, el analista alegó que «con la nueva actualización de la fórmula previsional, este efecto licuación se terminaría, por lo que el gobierno deberá afinar la tijera y buscar que el ajuste responda en mayor medida a recortes que licuación».

En sintonía, Pablo Repetto, jefe de research de Aurum Valores, esgrimió que «hasta ahora el resultado fue conseguido en base a muchísima licuación, aumento de impuestos, se postergaron pagos a CAMMESA, el ajuste sobre las prestaciones sociales es de una magnitud extremadamente significativa, no da la sensación de que esto sostenible de esta manera durante mucho tiempo»

«Cuando corregis por los efectos licuación, por el ingreso del impuesto PAIS adicional, los pagos CAMMESA que se deben, el resultado superavitario financiero desaparece, con lo cual uno debería estar esperando que tomen otro tipo de medidas porque con esta impronta que le están dando no luce sostenible», juzgó.

A su vez, la economista Natalia Motyl planteó que «los últimos superávits financieros se han logrado en parte gracias a una reducción del gasto público, pero es importante reconocer que gran parte de este ajuste se ha llevado a cabo mediante la inflación». La experta aseguró que «si bien en se ha realizado un esfuerzo por recortar ciertas partidas del gasto, la mayor parte de la reducción se ha debido a la aceleración pronunciada de la inflación», y consideró que este enfoque no es sostenible a largo plazo». Y destacó que «si la inflación desacelera o estabiliza, esta estrategia perderá efectividad».

Además, la economista argumentó que «este tipo de superávit financiero no genera confianza en los mercados a mediano plazo, con el tiempo, los inversores y los mercados comenzarán a cuestionar la capacidad del gobierno para manejar las cuentas fiscales de manera responsable, especialmente si continúa dependiendo en gran medida de la licuación del gasto por inflación».

Analistas dicen que gran parte de la baja del gasto es por efecto licuación ante la elevada inflación

Analistas dicen que gran parte de la baja del gasto es por efecto licuación ante la elevada inflación

La consultora EconViews también remarcó que «no nos casamos con los buenos datos de enero y febrero porque parte de esto es postergación de pagos y la parte de la licuadora se tiene que ir achicando por pura matemática: si la inflación es más baja la oportunidad de licuar cae».

Asimismo, un análisis de Martín Polo, jefe estratega de Cohen explicó que el buen resultado fiscal «se debe, en parte, a la reducción real de jubilaciones, salarios, el recorte de transferencias a provincias y el incremento de la deuda flotante, lo que resalta la falta de sustentabilidad de la política fiscal». Y advirtió que «estos son signos positivos que se equilibrarán con el tiempo, conforme se divulguen más datos sobre el nivel de actividad y aspectos sociales, donde anticipamos una marcada caída del PBI y un aumento de la pobreza».

Por su parte, Ritorto alegó que las dudas sobre la sostenibilidad del ajuste fiscal «recae en dos cosas: primero que, sacando los recortes observados en obra pública y las transferencias a provincias, la caída del gasto (real) depende de la inflación». Y auguró: «En caso de que logre estabilizarse la inflación y los precios tiendan a normalizarse, varias partidas del gasto público pueden volver a acelerarse, presionando nuevamente sobre el resultado fiscal.

«Sumado a esto, el humor social será determinante a la hora de medir hasta cuando este enfoque puede funcionar, la caída en jubilaciones o la quita de tarifas son ejemplos de esto». En LCG también subrayaron que «siguen quedando dudas respecto al costo social de esta convergencia fiscal acelerada», y concordaron que «por el momento, la licuación sigue siendo más preponderante que la motosierra y la falta de enforcement para las reformas que el Gobierno intenta aplicar ponen dudas sobre la posibilidad de mantener el ajuste en el tiempo».

Superávit: clave aprobación de leyes

Ante este panorama, en PPI evaluaron que «para hacer un ajuste fiscal sostenible, el gobierno necesitará conseguir apoyo político en el Congreso, aprobándose el paquete fiscal de la Ley Ómnibus» y la nueva fórmula previsional propuesta.

Analistas aseguran que es clave la aprobación en el Congreso del capitulo fiscal para garantizar sostenibilidad del superávit

Analistas aseguran que es clave la aprobación en el Congreso del capitulo fiscal para garantizar sostenibilidad del superávit

» Sin conseguir esto, el único ajuste estructural disponible es un aumento en las tarifas que reduzca los subsidios económicos. Más allá de lo mencionado, el resultado fiscal del primer bimestre es una buena señal para los activos locales, ya que denota el compromiso del equipo económico con alcanzar el equilibrio financiero, pero es necesario poner en acción la motosierra para que sea perdurable en el tiempo», juzgaron.

En Facimex expresaron que «permanecemos cautelosos ante la sostenibilidad del ajuste» y aseveraron que la aprobación de la «la ley de medidas fiscales sería clave para que el ajuste no se concentre en el gasto social y haría más factible la meta del superávit primario de 2% del PBI». En tanto, en Outlier evaluaron que «lejos está de haberse hecho el ajuste; por el contrario, hay que seguir trabajando para que los factores transitorios sean reemplazos por permanentes, y que el quilibrio fiscal no dependa del impuesto PAIS y del sostenimiento del esquema duro de control de cambios». 

¿Se logrará la meta anual de superávit fiscal?

En EconViews evaluaron que «creemos que será difícil llegar a un superávit primario de 2 puntos del PBI, pero sí creemos que un equilibrio primario es posible. Y más aún creemos que el mercado va a comprar Argentina si se llega a ese resultado»

Marini comentó que «la caída de la actividad es un factor a seguir de cerca porque ya está pegando en la recaudación, en febrero la recaudación por IVA-DGI cayó 10% anual en términos reales y este es uno de los principales riesgos de la meta autoimpuesta por el gobierno».

«Creo que es factible alcanzar el balance primario y el mercado festejaría este resultado, pero alcanzar un superávit de 2 puntos del PBI continúa luciendo muy optimista», opinó.

Repetto juzgó que «se podría aspirar a un superávit primario de 1%, y estaría bien y para mí sería exitoso» y acotó: «me parece que plantear este tipo de cosas tan agresivo después puede llegar a tener otro tipo de repercusiones negativas más adelante».

Economistas afirman que es necesario más motosierra en el recorte del gasto

Economistas afirman que es necesario más motosierra en el recorte del gasto

En Facimex esperan «elevados superávits en el primer semestre del año» y proyectan un superávit de 1% del PBI para 2024.

Para Motyl, «este año se caracteriza por una alta tasa de inflación, lo que facilita alcanzar las metas establecidas por el FMI». Sin embargo, sostuvo que «existen riesgos que podrían afectar el cumplimiento de estas metas, como retrocesos en la entrada de capitales, dificultades para abrir el cepo cambiario, y posibles ruidos políticos que podrían afectar la capacidad del gobierno para mantener los recortes del gasto público».

«Aunque algunos riesgos son más probables que otros, en este momento es difícil prever con certeza si se cumplirán las metas fiscales, aunque la aceleración de la inflación sugiere que es probable que se cumplan en el corto plazo», concluyó.

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