domingo, 19 mayo, 2024
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Cómo fue la mágica noche de Martha Argerich en el Teatro Colón

La estupenda pianista abrió el sábado el Festival Argerich, en una función con aroma a ritual y celebración. Un viaje a la emoción.

Los conciertos de Martha Argerich son ansiosamente esperados, de lo más destacado del año en la programación del Teatro Colón. Una especie de celebración, de ritual, donde la demiurga musical siempre tiñe sus conciertos de una atmósfera mágica.

Sus actuaciones trascienden lo musical, y, de algún modo, lo que se pone de relieve no es tanto si debería sonar de tal o cuál manera sino cómo toda la combinación única de las cualidades de Argerich logra conectar al público con la música, creando la ilusión de que entre ella y nosotros no hay mediación.

Como si capturara algo del mundo divino y nos lo trajera para que brille en nuestro mundo gris. Tal vez nunca la música está tan cerca nuestro como cuando Argerich está de por medio. Al punto que se podría afirmar con temeridad que la música está en el intérprete.

Martha Argerich ingresó a la sala con su habitual sonrisa fugaz. Foto Federico Lopez Claro

Martha Argerich ingresó a la sala con su habitual sonrisa fugaz. Foto Federico Lopez Claro

Con su timidez habitual, la leyenda del piano ingresó a la sala con una sonrisa fugaz y acompañada por los músicos del ensamble. Resistente a recibir las intensas ovaciones que sonaron en un teatro colmado de personas hasta el último asiento, quiso pasar rápidamente al piano.

Los acordes iniciales del primer movimiento del Quinteto para piano Op. 44 de Schumann sonaron electrizantes. La chispa de Argerich continua intacta. A pesar de los aplausos entre los movimientos, la obra tuvo la continuidad, guiada desde el piano, de una línea de fuerza desde el primer movimiento hasta el último.

Schumann, como pocos músicos románticos, supo representar muy bien la sensación musical de la memoria. Fue sensacional lo que se escuchó en el final del segundo movimiento. La recapitulación del inolvidable tema fúnebre inicial -con sus angustiosos silencios y clima trágico- tiene sobre el final un regreso desmembrado. Después de todo lo que pasó en el medio, el sentido trágico del tema cambia de significado y densidad, y también su efecto en la memoria: la sonoridad espectral que consiguió el ensamble fue maravillosa y le dio al regreso del tema trágico el efecto de una intensa rememoración.

Martha Argerich fue ovacionada en la inaguración del festival que lleva su nomre. Fue una noche única. Foto Federico Lopez Claro

Martha Argerich fue ovacionada en la inaguración del festival que lleva su nomre. Fue una noche única. Foto Federico Lopez Claro

Argerich, con su brío rítmico y virtuoso, hizo avanzar el Scherzo como una flecha, el conjunto siguió el ímpetu rítmico y el tercer movimiento tuvo una vitalidad desbordante. En el final del Quinteto, uno de los monumentos musicales de Schumann, cada una de las melodías se escuchó con una sonoridad esplendorosa. La dinámica de la propulsión culminó con las notas punzantes del piano que dieron inicio al fugato. La coda fugaz trajo nuevamente el expansivo tema de apertura del primer movimiento.

El ensamble integrado por Freddy Varela Montero (violín 1), Tatiana Glava (violín 2), Fernando Rojas Huespe (viola) y Stanimir Todorov (violonchelo) estuvo a la altura del virtuosismo que exige la obra (aunque la viola tuvo inconvenientes de afinación y tono en el comienzo de la obra, que luego se resolvieron) y aportaron la fluidez, flexibilidad y equilibrio necesarios para combinarse en una fuerza musical unificada.

Las estruendosas ovaciones fueron agradecidas con una nueva interpretación del vivaz Scherzo.

La noche había comenzado con una interpretación sosa del Noneto Op. 139, de Josef Rheinberger, en cuatro movimientos para flauta (Fabio Mazzitelli), oboe (Alejandro Lago), clarinete (Guillermo Astudillo), fagot (Abner Da Silva), corno (Gustavo Ibacache), violín (Freddy Varela), viola (Adrián Felizia), violonchelo (Chao Xu) y contrabajo (Elian Ortiz Cárdenas).

Sin graves que sostuvieran el discurso musical, la obra perdió densidad. El contrabajo, por momentos, era inaudible. No hay nada que reprochar a los vientos, por el contrario, pero en el conjunto no se logró un óptimo balance entre cuerdas y los vientos.

Ficha

Festival Argerich

Concierto 1 Noneto Op.139 (Josef Rheinberg)

Quinteto para piano en Mi bemol mayor, Op. 44 (Robert Schumann). Teatro Colón, función 15 de marzo. 

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