domingo, 25 febrero, 2024
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China profundiza la apertura al capital extranjero

El gigante asiático apuesta a completar la digitalización de la industria y los servicios.

En el “Davos de Verano” que se realizó la semana pasada en Tianjin, China, y que es la expresión asiática de la Cumbre de Suiza que se celebró como siempre en enero de este año, el gobierno de la República Popular, a través del primer ministro Li Qiang, tuvo ocasión de discutir por primera vez con total amplitud la difícil situación económica china, frente a un público integrado entre otros por más de 1.000 grandes empresarios extranjeros, sobre todo de Europa y EE.UU.

Esto ocurrió en el momento en que la República Popular ha ingresado en una etapa de extraordinario cambio estructural, en el que la participación del capital y la tecnología extranjera es absolutamente central, y más relevante que nunca.

La economía china experimentó una vigorosa recuperación en el 1° trimestre de este año, con un alza de 3,5% anual en ese período, pero que con posterioridad se ha debilitado significativamente, con la actividad industrial manufacturera que ha caído por 3 meses consecutivos a partir de abril / mayo de 2023; y al mismo tiempo el sector servicios está creciendo al menor nivel de los últimos 6 meses.

Los problemas que enfrenta China son de orden estructural, y no de carácter cíclico o meramente coyuntural; y se pueden resumir utilizando los términos con los que se ha expresado el primer ministro Li Qiang: China se encuentra en la fase inicial de la transformación estructural de su gigantesco mercado interno, que es sinónimo de “economía digital“ y que abarca hasta ahora 40% del producto. La “economía digital” implica la digitalización completa de la manufactura y los servicios, que es la expresión acabada de la 4° Revolución Industrial.

La cuestión para China es cómo convertir en “economía digital” el 60% del producto que todavía no ha logrado transformar; y todo esto en un proceso que no puede extenderse más allá de 10 años.

Este cambio formidable coincide con una etapa especialmente aguda del conflicto geopolítico con EE.UU; y es importante subrayar – como lo ha hecho ya y en forma repetida Eswar Prasad de la Brookings Institution de Nueva York – que la puja con EE.UU no tiene ya un contenido tecnológico, porque la trayectoria en este aspecto de las 2 superpotencias tiene a esta altura un significado nítidamente convergente.

Este punto de crucial importancia se puede formular en estos otros términos: en la fase de alta tecnología de la 4° Revolución Industrial la competencia entre las superpotencias tiene necesariamente un carácter cooperativo. Es una paradoja propia de la época, donde el conflicto es al mismo tiempo sinónimo de cooperación.

Lo que otorga al enfrentamiento con EE.UU un carácter de extremo peligro, es que la superpotencia norteamericana experimenta en esta momento la etapa de mayor debilitamiento de su historia, con un grado de polarización y enfrentamiento solo comparable al de la Guerra Civil de 1861/1865.

Hay que agregar que el debilitamiento del presidente Joe Biden adquiere características de crisis crónica, y tiende a asemejarse a una situación de vacío de poder en Washington, donde lo seguro es lo imprevisible y lo accesorio y episódico tiende a predominar sobre lo sustantivo y fundamental.

Por eso un elemento fundamental a tomar en cuenta es que China necesita imperiosamente, cada vez más, de la colaboración del capital extranjero, sobre todo el norteamericano.

Esta es la estructura básica del conflicto geopolítico chino / estadounidense, que es el eje de la historia del mundo en esta parte del siglo XXI.

Una extraordinaria contradicción que experimenta en este momento la República Popular está, por un lado, en su excepcional capacidad de creación de una fuerza de trabajo altamente calificada (sus universidades proveen 13 millones de graduados por año), y al mismo tiempo – este es el otro término de esta contradicción central -, la demanda para esa asombrosa oferta representa solo 40% del PBI.

Lo que está ocurriendo en la República Popular es una suerte de “desocupación por exceso de calificación y carencia de suficiente demanda”. Deshacer este nudo es la tarea fundamental que enfrenta el sistema chino – Partido, Estado, población organizada – en los próximos 10 años, esto es, la etapa que se encuentra inmediatamente por detrás de la que lleva a la creación del “Imperio del Medio” del siglo XXI, que tendría vigencia a partir de 2050.

Este desafío no implica tanto una tarea de inversión o de cambio tecnológico, aunque esto es gran parte de su contenido material, sino una labor de auto-educación y auto–formación de raíz esencialmente intelectual, aunque claramente dentro de una experiencia compartida, como son todas las cosas de relevancia de la Republica Popular, ejemplificada entre otros por la experiencia de la “Larga Marcha” de 1934/1935.

La experiencia china de los próximos 10 años promete una nueva “Larga Marcha” de similares características épicas, solo que en el mundo de la alta tecnología y de la conversión de China en una de las 2 grandes superpotencias mundiales, que por necesidad va a estar absolutamente integrada a lo más avanzado del siglo XXI en este periodo.

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