La vez que Paul McCartney pasó nueves días en una cárcel de Tokio por posesión de marihuana

Ocurrió en enero de 1980, cuando Macca viajó a Japón por una gira con su grupo Wings. El músico, finalmente, fue deportado. Enero no es un buen mes para Paul McCartney. Esta historia tiene por ingredientes de novela al ex beatle, preso durante nueve días en Tokio. Todo demasiado novelesco como para dejarlo pasar. A…

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Ocurrió en enero de 1980, cuando Macca viajó a Japón por una gira con su grupo Wings. El músico, finalmente, fue deportado.

Enero no es un buen mes para Paul McCartney. Esta historia tiene por ingredientes de novela al ex beatle, preso durante nueve días en Tokio. Todo demasiado novelesco como para dejarlo pasar.

A comienzo de los 80, los japoneses eran grandes consumidores de pop occidental, pero en enero de ese año recibirían a uno de los mayores exponentes del reinado. ¡Un ex beatle! Macca estaba de gira con su banda, los Wings, y tenían por delante 11 fechas por la tierra donde nace el sol.

No era la primera vez que McCartney visitaba la tierra del sol naciente; en el último tour de The Beatles (1966), la banda hizo una escala en sus escenarios donde tuvieron una legión de fan histérica (pura beatlemanía nipona, con agudos difíciles de aguantar), a la vez que recibieron amenazas de los sectores más tradicionalistas de la sociedad japonesa.

Ya en 1973, Paul había recibido una condena por cultivar marihuana en su granja de Escocia. Foto: AP

El problema: a muchos les pareció una falta de respeto que la banda se presentara en el Nippon Budokan, un estadio cerrado construido especialmente para las artes marciales.

Con antecedentes

Dato no menor: en 1973, Paul recibió una condena por cultivar marihuana en su granja de Escocia. Algo que afecto los planes de llevar a exBeatle a Japón en 1975, y esto se debía que las autoridades japonesas prohibían la entrada por siete años a todo aquel que tuviera antecedentes penales.

Después de unas negociaciones, la productora Udo Music logró que le dieran una visa al músico antes del plazo para que su banda Wings realizara una gira de dos semanas por ese país.

Paul McCartney, detenido en Tokio. La valija donde encontraron los 220 gramos de marihuana. Foto: AP

El proyecto post Beatles de McCartney era muy exitoso en Japón. Las cien mil entradas que se habían puesto a la venta para los once conciertos programados –algunos de ellos en el Nippon Budokan- se agotaron rápidamente.

Entre las negociaciones, las autoridades hicieron que tanto Paul como los integrantes de la banda firmaran una declaración donde juraban que ya no consumían cannabis. Todo iba bien, con carteles de sold out, hasta que Paul fue a pasar por migraciones en Tokio.

A muchos les extrañó el celo que puso la policía aeroportuaria nipona con la valija de Paul, ni la de Linda, su mujer, ni la de sus músicos, la suya, querían revisar especialmente la de Paul.

Y sí, en la valija de Paul, sin necesidad de revolver mucho, la autoridad aeroportuaria se topó con una bolsita cuyo contenido era indiscutiblemente marihuana, misma sustancia -aunque en menor cantidad- que fue encontrada en el neceser “del masculino”.

Consumo personal

Interrogado Paul por la división antinarcóticos, Paul declara que la sustancia en cuestión es para “consumo personal” y en cuanto a su procedencia, el masculino responde que se la habían dado unos amigos.

“Cuando el tipo la sacó de la maleta, parecía más avergonzado que yo”, recordaría Paul más tarde. “No traté de esconderla. Venía de los Estados Unidos y todavía tenía esa actitud norteamericana de que la marihuana no es tan mala. No me di cuenta de lo estrictos que eran los japoneses”.

El problema para Paul es que, sumada la bolsita más lo del neceser, lo encontrado arrojó un peso de 218 gr., según el reporte policial, cantidad superior al “consumo personal”, de hecho, el delito de “tráfico de drogas” se penaba con siete años de cárcel.

A eso, de repente, se exponía Paul McCartney en la segunda semana de enero de 1980.

Paul a la sombra

El músico debió pasar la noche en una celda donde solo tenía una esterilla a modo de colchón y, además, estaba aislado; no podía tener contacto con su esposa ni sus hijos.

Según le cuenta a Philip Norman, su biógrafo, en su primera noche no durmió; se mantudo sentado contra la pared con miedo de que alguien lo atara mientras descansaba.

Al segundo día de su detención, se encontró con Linda tras un nuevo interrogatorio en el Departamento de Control de Narcóticos de la Policía de Tokio, a donde llegó esposado.

En los juzgados se enteró de que podría enfrentar una pena de hasta siete años de prisión con trabajos forzados.

El juez dictaminó que le músico fuera recluido en la cárcel Kosuge donde pasó una semana con algunos de los criminales más peligrosos de Japón, mientras se realizaba su proceso judicial.

Desayuno, almuerzo y cena

Nuevamente lo pusieron en una celda donde estaba solo y tenía prohibido leer y escribir. Además, lo dejaron con el mismo traje que llevaba cuando aterrizó en Japón, pero tres días después descubrió que podía pedir un cambio de ropa. Su día comenzaba a las seis de la mañana y debía de sentarse en el suelo para que le tomaran lista.

Paul McCartney, detenido en Tokio. La Policía Japonesa lo detiene en enero de 1980. Foto: AP

Después tenía que limpiar su celda y ser sometido a una inspección. Desayuno: un cuenco de sopa de algas y cebolla. Para el almuerzo: sopa de soja acompañada con pan. Cena: arroz con una manzana o una naranja. Respetaron su pedido de comida vegetariana. A las ocho se apagaban las luces.

Tras nueve días en la cárcel, el músico fue liberado el 24 de enero. Iba a ser deportado esa misma fecha, pero el papeleo postergó la salida para el 25 de enero.