Las barberías suman servicios y ahora son un ritual pre boliche

Es el último viernes antes de la primavera, son las nueve de la noche y tres hombres, de entre 25 y 41 años, esperan sentir el ruido de la maquinita y el filo de la navaja en una barbería de Palermo. Sólo uno tiene barba. Es más la hora de esperar mesa para cenar o el Uber para volver…

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Es el último viernes antes de la primavera, son las nueve de la noche y tres hombres, de entre 25 y 41 años, esperan sentir el ruido de la maquinita y el filo de la navaja en una barbería de Palermo. Sólo uno tiene barba.

Es más la hora de esperar mesa para cenar o el Uber para volver de un after office. ​Ninguna peluquería unisex sigue activa. Y ellos, en fila, “vigilados” por un gran muñeco trooper de Star Wars y al lado de una máquina de videojuegos arcade, recién están por producirse.

Celular y cerveza en mano, Pink Floyd marca el tempo desde Spotify y no hay ansiedad de llegar a otro lado. La nocturnidad masculina arranca con ese toque de acero.

El barbero tiene más energía que el veinteañero, que le pide prestado el cargador para terminar de definir una cita de Tinder. Para los otros dos, que están en pareja, el plan también es ese: acicalarse. Ya es una constumbre masiva que apenas una década atrás se etiquetaba como de metrosexual.

Parte de esta idea es lo que se pasa por alto hoy, especialmente en la cultura de la nueva masculinidad: cuán transformador puede ser un corte de cabello. O un pelo y barba.

Incluso algunas barberías ofrecen un masaje o una manicura sin esmalte, que en la jerga se dice hands cleaning. Y algo más permanente que una decoloración: un tatuaje.

Iván Korin, un cliente fiel de la barbería Rufianes: va cada 5 o 6 días. Foto Emmanuel Fernández

Por la pandemia, las peluquerías estuvieron 10 meses cerradas y las barbas crecieron achatadas detrás de los barbijos. Muchos amigos emprendedores -que son los impulsores de este furor- no sobrevivieron. Pero en 2021 las barberías volvieron con más servicios. 

Pese a que elegirlas implica gastar desde el doble que en las convencionales, ya no son territorio de hipsters. Son tendencia hasta en caras lampiñas. 

Sólo en la Ciudad de Buenos Aires el año pasado se aprobaron 378 habilitaciones en el rubro Salón de estética y Peluquería. En lo que va de 2022, ya son 261. Pero en todo Buenos Aires se puede ver que la presencia del poste de barbero (el cilindro azul, rojo y blanco que gira en las fachadas) es mucho mayor.

Jorge, de 41, metro noventa y campera de motoquero, es el que tiene barba de los tres clientes que esperan en Cabrones Barber Club, sobre la calle Gurruchaga. Vive a unas cuadras y bromea con el barbero por dar esta nota.

Ahora me vas a invitar la cerveza la próxima ¿no?

-¡Por supuesto que sí! ¿Cómo no te la voy a invitar?

Llega ahí cada mes y medio en su Ducati o paseando a sus dos airedale terrier. Pelo, barba y cerveza.

Tijeras. En Salón Berlín, pionero que abrió en 1999. Foto Martín Bonetto

“No sé si es por la barba o por el corte de pelo. O si es por la estética del lugar. Pero venir es un buen ritual de viernes antes de ir a cenar. Siempre fui a cadenas unisex o las de barrio. Acá es como más específico. Me siento en el sillón y, sin pedir nada puntual, me voy con lo que quiero. Apto para que no se aplaste con el casco de la moto”, dice Jorge a Clarín.

Técnicamente, el barbero le recrea el look descuidado medio (que incluye el bigote clásico y una barba que empieza a ser incipiente). Junto al descuidado corto, es el estilo que más eligen los porteños.

En el otro extremo está Damián Cirami, de 42. Él tiene una barba larga y entera estilo Bandholz: Ovalada, de 15 centímetros, con bigote ancho, dividido al medio y con las terminaciones en punta. Osado, es el tercer estilo más elegido. Necesita mucho más “mantenimiento”.

“Para quienes tenemos barba, a lo difícil de la pandemia se nos sumó que no hubo barbijos pensados para nosotros. Al principio usé pañuelos largos y después una amiga me fabricó uno a la medida de mi barba. Realmente el barbijo médico, el típico, era muy incómodo y molesto de usar”, describe el cordobés, que vive en San Justo. Ahora, oficialmente sin barbijo, las barbas vuelven a ganar protagonismo. 

Las barberías no son un fenómeno porteño. También reinan en provincia de Buenos Aires, donde la diferencia es que los fines de semana atienden hasta más tarde, cerca de la medianoche, para el público que va a boliches. Hay muchos barberos dominicanos o venezolanos, que importaron el oficio y lo adaptaron a los argentinos, menos jugados con los cortes. La mayoría pide mullet (rapado a los costados).

Mullet, el más clásico entre los cortes de diseños.

Damián sabe exactamente qué pedir que le hagan y administra en Facebook el grupo cerrado Barbas y Mostachos del Mundo, que tiene más de 17.000 miembros.

Pasó por estilos más intermedios, tipo Imperial (delgada a los costados y puntuda) y Verdi (con bigote estilo Dalí), y explica cómo esta división entre las peluquerías masculinas es un ambiente mucho más abierto y masivo que antes. 

“Hace algunos años era muy difícil conseguir aceites hidratantes para la barba y teníamos que usar productos para el cabello o hacer nuestros propios aceites (en el grupo hay tips para producirlos). Hoy ya se consiguen fácilmente y hay más productos, como los bálsamos y las ceras“, detalla. 

Los bálsamos son para peinar y dar forma a la barba. Las ceras, para moldear los bigotes (mostachos). El jabón no debe ser uno de uso general.

Fernando Elo en acción en Salón Berlín. Foto Martín Bonetto

“Hoy es fácil conseguir uno específico, antes usábamos jabón neutro. El aceite es otro ritual básico: hidratará la piel y suavizará el vello. Se necesita más a medida que la barba es más tupida, para evitar resequedad”, explica. El aceite también perfuma.

Varias empresas ya ofrecen toda la gama de productos. Desde pymes hasta marcas industriales que antes estaban ligadas a la estética del cuidado capilar femenino hoy tienen a los barbones (así se llaman entre sí quienes portan barbas) como potenciales consumidores.

Por Instagram venden los combos hair y skin care for men, direccionados a la caída del pelo, el d-tox, la antipolución y las máscaras faciales para puntos negros (desde $ 3.500). Pero la mayoría se lleva los potes desde las barberías.

En el segmento se destaca Rufianes, una cadena de barberías que ya tiene 20 sucursales en el AMBA y su propia línea de productos. El polvo texturizador, a $ 1.400. El corte cuesta $ 1000; la barba, $ 700; todo junto, $ 1.300. No son una franquicia. Es el mismo grupo de amigos el que acaba de abrir una nueva barbería en Palermo y el que en octubre va a cortar la cinta de una en Barcelona.

Más que pelo. En Billy Gun´s San Isidro también hacen tatuajes. Foto Martín Bonetto

¿Por qué tienen tanto éxito las barberías hoy? Porque no son sólo para quienes tienen barba. Porque son tope de gama para quienes la tienen, con cortes de diseño. Y porque muchas lo que venden (o cobran) en realidad es la experiencia.

“Queríamos mostrar un concepto diferente de lo que eran las peluquerías tradicionales. Que no se quede sólo en un corte de cabello y barba. Ofrecemos tatuajes, hacerse un piercing, vendemos cordones de moda para las zapatillas, se puede tomar algo. En nuestro caso el boom fue por ofrecer algo distinto, con un excelente servicio y a buen precio”, cuenta Santiago Volpini (38), uno de los dueños de Rufianes. Ahí mismo también venden ropa.

Lugar de pertenencia masculina

Los nombres de las barber shop dicen mucho y poco a la vez. Se llaman cabrones, rufianes, Peaky Blinders (en honor a los Shelby, la familia de gangsters en Netflix) y no hay dudas de que es un grito de masculinidad. Pero el espíritu es el de un susurro.

No es un lugar cerrado para la clásica estética motoquera, ni metalera, ni futbolera, ni la idiosincracia cool palermitana. Hasta excede al propio género. Aunque, indefectiblemente, apunte al emprolijamiento for men. Y nocturno. Salón Berlín, de Fernando Elo, fue la precursora, con ese clima de barra de cerveza y “club de caballeros”.

“El público es de ambos sexos, mayormente hombres. Pero al ofrecer body piercing e indumentaria, es más plural y unisex. Mujeres también nos buscan para cortarse con diseños masculinos. Solemos quedarnos bastante más los viernes y los sábados debido a la mucha demanda”, aclara Santiago. A las 21 ya no dejan entrar a nadie más.

Ivan Korin vive en Villa Urquiza, tiene 33 años, es empresario gastronómico y va “cada 5 o 6 días” a la barbería. “Me gusta estar prolijo. Independientemente del día que sea”, dice a Clarín.

La barbería se convirtió en un lugar de pertenencia. Foto Martín Bonetto

En la cabeza mantiene un degradé alto, ​bien comprimido. A veces, se anima a algún diseño, “unas líneas”. Y en la barba también tiene su fade o transición. “Me sale pelo en toda la cara”, celebra, mientras le recortan con navaja.

Elijo la barbería por la onda. Te atienden bien, los cortes no son en 10 minutos y salís. Se ocupan de que todo quede perfectamente simétrico. Te ofrecen algo para tomar y en el local de Cabildo tienen un semipiso para jugar a la Play. Si fuese así pero peluquería unisex, la elegiría igual”, cuenta.

En San Isidro, Billy Gun´s sube la apuesta en su primer nivel. “Los hombres antes no le daban tanta bola a la estética. Hoy vienen una vez por semana o una vez por mes. Además, nosotros tenemos el ritual de que, más allá del corte y la barba, arriba tenemos un cuartito con una camilla, donde se hace drenaje linfático, se les ponen piedras de jade y música relajante. Hay más cosas para hacer en el rubro y los hombres las recontra aceptan. Les re gusta”, dice Hernán Diacovetzky. Cuesta $ 1.200 y dura 40 minutos.

Diego, uno de los dueños de Peaky Blinders, en Devoto, explica más sobre este boom: “En estos tiempos de Instagram, se expone más el cuidado personal. Los hombres nos muestran en el celu look de raperos, futbolistas. Y se arreglan antes de una cita, los viernes o sábados. Es por orden de llegada y nos hacen extender el horario“.

En Club Di Barbiere, en La Paternal, por la misma razón esos días a veces cierran a las 23. “Muy pocos vienen por su barba. El 70% viene por el corte de pelo y el 30% llega con unas barbas increíbles. Se quieren arreglar para la noche, a último momento. Vienen todos juntos, se amontonan”, cuenta Sebastián. 

Corte buzzcut, con un “global”, como se dice a teñir toda la cabeza, explica Sebastián de Club Di Barbiere.

Otra de las barberías que apunta fuerte a lo masculino desde el nombre es Salvaje Men’s Club, que nació en mayo de 2021 desde la marca de ropa Salvaje City.

“Nuestros clientes no son simples consumidores, son parte del club. Los viernes y sábados son los días más fuertes, no sólo porque llegan las salidas de fines de semana, también porque disponen de mayor tiempo para realizarse los servicios, todo el hair styling (peinado y, próximamente, cuidado de la piel)”, explica Franco Pagliotto.

Las barberías cambiaron mucho en los últimos años. Las barbas largas, estilo hipster, vikingo, moustache, no son las que solemos ver en nuestro salón. No marcamos tendencia en el mundo old school, sino que traemos una visión fresca, de barbas prolijas, cortas y marcadas”, sigue.

En ese local manda el buzzcut, muy corto, casi rapado. Es como el “corte militar” actualizado. Pero la particularidad es que se hace en quienes sienten el ruido de la maquinita, el filo de la navaja y, en la cara, la sensación astringente de una máscara exfoliante.

AS