La pesadilla de Solana: le robaron la identidad para vender contenido sexual y la acosan

 Hace menos de un mes comenzó a recibir mensajes extraños en sus redes sociales. Hombres desconocidos le pedían fotos, videos, “material”. Desconcertada, no se imaginó el verdadero motivo hasta que un amigo le consultó y, de casualidad, la puso “en autos”. Le habían robado su identidad, nombre, apellido y su foto de perfil de redes sociales para…

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 Hace menos de un mes comenzó a recibir mensajes extraños en sus redes sociales. Hombres desconocidos le pedían fotos, videos, “material”. Desconcertada, no se imaginó el verdadero motivo hasta que un amigo le consultó y, de casualidad, la puso “en autos”.

Le habían robado su identidad, nombre, apellido y su foto de perfil de redes sociales para ofrecer contenido sexual, que se vendía en grupos de Telegram. “La cuenta sigue activa, alguien tiene que investigar quién lo hace”, reclama.

La joven de 24 años, que vive en Tucumán, hizo la denuncia, pero no obtuvo respuestas concretas. Por las características, lo sucedido podría contemplarse como “violencia digital”. Sin embargo, actualmente no constituye un delito tipificado como tal en la Justicia argentina y, por eso, según relatan las víctimas, muchas veces ni siquiera logran dar con quienes lo perpetúan. Mucho menos, que tengan una condena.

“Me preocupa que el contenido es muy fuerte y no es mío”

Solana Canseco vive una situación que no se imaginó, podía transitar. “Quiero aclarar, porque la gente se confunde, que no venden cosas mías, no son imágenes mías”, empieza, en diálogo con TN, acerca del contenido que se ofrece.

”Lo que me preocupa es que el contenido es muy fuerte, es casi pornográfico”, agrega.

Se ofrecía en grupos de compra-venta de la red social, de electrodomésticos y distintos artículos. Con la foto de perfil y nombre de Solana, promocionaban “paquetes” de distinto monto, que iban desde supuestas videollamadas a videos “caseros”. Además, para que quienes fueran a comprar creyeran que se trataba efectivamente de ella, le robaron de su Instagram dos fotos reales y las “intercalaron” con fotos pornográficas de mujeres a las que no se le ve la cara.

Según supo la joven, ese material pertenecía a otras mujeres, pero quienes hayan comprado, creían que era de ella. Por eso los contactos y los pedidos a través de sus redes. “Encima es una estafa, porque la persona que aparece ahí no soy yo. Un amigo me contó esto, que lo había visto en Telegram. Me pasó capturas también y yo decidí difundirlo”, cuenta.

“Me dio miedo. Mis padres y hasta mis abuelos tienen Telegram. Yo no sabía qué hacer, qué podían pensar de mí”, se lamenta. “Jamás vendí ese tipo de contenido, no soy yo”, escribió en una serie de historias de Instagram que compartió al toparse con esto, y prácticamente al mismo tiempo en que realizó la denuncia policial.

“Lo publiqué en mis redes para empezar a difundir. Fui después a la División de Delitos Telemáticos. De ahí me derivaron a una fiscalía, me dijeron que quedaba en manos de ellos, no sé exactamente en cuál. Me dijeron que se iban a comunicar conmigo en 15 días”, relata.

Sin embargo, por el momento no tuvo noticias. “Alguien tiene que investigar quién fue”, pide Solana.

Al intentar indagar detrás de la cuenta que ofrecía el material, descubrió que el número coincidía con el de una persona que conocía y que tenía antecedentes por haber realizado estafas en la capital tucumana. “Yo la tenía agendada, incluso. La encaré y le consulté, pero me dijo que le habían hackeado el número”, relata.

“Me da miedo subir fotos a mis redes”

Si bien la cuenta sigue activa, según comprobó Solana, desde el 8 de julio no agrega contenido ni promociona ventas. “No responden los mensajes, tengo entendido”, expresa. Sin embargo, a raíz de esto, se enteró de que su caso no había sido el primero. “Después de publicarlo en mi Instagram, una conocida me dijo que le habían hecho lo mismo hace un año. Con la misma cuenta, pero diferente número”, apunta Solana.

Ahora, queda la incertidumbre, el miedo y desconcierto ante una situación que las autoridades no resuelven y las herramientas son limitadas. “Yo soy de usar mucho Instagram, me gusta compartir mis fotos, como a cualquiera. Pero desde que sucedió esto siento mucha inseguridad al, por ejemplo, subir una foto en bikini”, expresa.

“Me pasa a mí y seguramente a todas las que son víctimas de algo así. A medida que pasa el tiempo me doy cuenta de que si publico imágenes, lo hago con miedo a que pase algo. No quiero dejar que me afecte mucho, pero es inevitable”, cierra.