Censo 2022: hay cada vez más mujeres en Argentina y ya superan un 12 por ciento a los varones

La demorada tanda de cifras preliminares del censo 2022 confirmó este jueves que, según el ítem sexo registrado al nacer, en Argentina hay 25.003.069 mujeres, 22.267.545 varones y 56.793 personas que tildaron “ninguna de las anteriores”, tercera opción reconocida por primera vez este año, en sintonía con el decreto 476/21 que, en el marco de la ley…

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La demorada tanda de cifras preliminares del censo 2022 confirmó este jueves que, según el ítem sexo registrado al nacer, en Argentina hay 25.003.069 mujeres, 22.267.545 varones y 56.793 personas que tildaron “ninguna de las anteriores”, tercera opción reconocida por primera vez este año, en sintonía con el decreto 476/21 que, en el marco de la ley 26.743 de identidad de género, estableció que se sumara la “X” en el campo destinado a la consignación de sexo de los documentos nacionales.

Hay 2.735.524 más mujeres que varones. Hay que aclarar que estas cifras no salen del procesamiento global del censo (que recién dará datos precisos en uno a tres meses) sino que salen de una proyección a partir del 50% de habitantes que contestó el formulario por internet, informaron desde el INDEC.

Con una distribución porcentual del 52,83% para mujeres, del 47,05% para varones y del 0,12% para no-binarios o “X”, la actualización censal reveló una diferencia del 12,3 por ciento a favor de las mujeres. En 2010 la diferencia era del 5,4 por ciento. Entonces la población era de 40.117.096 personas (ahora el total creció en 18%), de las que, siguiendo la oposición binaria disponible entonces, 20.593.330 (51,3%) se reconocían mujeres y 19.523.766 (48,6%), varones.

Para quienes le corren de atrás al tren conceptual del género (una actualización necesaria, pero difícil de incorporar para muchas personas), cabe remarcar que la cuestión del sexo registrado al nacer es distinta de la otra gran novedad de esta ronda censal: la pregunta por la identidad de género.

Pero, en la práctica, no son consultas desconectadas. Los datos que salgan de la consulta por la autopercepción de género delimitarán el alcance (a nivel sociológico, estadístico y, sobre todo, simbólico) que hasta ahora tuvo la cuestión del “sexo de nacimiento”, dado que esa autopercepción no se correlaciona necesariamente con la dimensión biológica de las personas ni con la consignación del sexo que figura en el DNI.

Femenino y masculino, las curvas históricas

De todos los cambios que sufrió la radiografía de sexo registrado al nacer en Argentina, uno bien relevante fue un cambio de tendencia a partir de 1914, cuando la proporción de hombres en relación a las mujeres llegó a su pico máximo, justo antes de empezar a bajar.

En el censo hecho ese año se registró un pico de 115 hombres por cada 100 mujeres. Sin embargo, desde entonces, el índice de masculinidad (la variable que reporta esa relación) comenzó a caer, y lo hizo de un modo abrupto y constante.

El censo es un insum

Pasado 1947, la representación de los hombres en la población alcanzó niveles que no habían sido reportados en ningún censo previo, con menos de 105 hombres por cada 100 mujeres.

Recién entre 2001 y 2010 se instaló un amesetamiento en la relación población femenina/masculina (ahora invertida), al punto que por cada 100 mujeres se registraron menos de 95 varones.

Mujeres: ser más o ser menos



Según un informe del INDEC de 2021 (“Dosier estadístico en conmemoración del 110° Día Internacional de la Mujer“), el perfil demográfico de la argentina viene, como en otros países, envejeciendo (se reducen los grupos más jóvenes, al tiempo que aumenta la proporción de personas mayores).

En ese mapa, las mujeres viven, en promedio, 6 años más que los varones. Y un dato que habla muchísimo de las condiciones de vida de las mujeres (y, por eso, de color tiene poco) es que hoy tienen, en promedio, 4 hijos menos que en el primer censo nacional de 1869.

Entre las paradojas más inentendibles que salen de todos estos indicadores de género está que, mientras la terminalidad educativa es mayor en el mundo femenino (o, dicho de otro modo, las mujeres alcanzan niveles más altos de educación formal, en especial, el nivel universitario), esta formación no se traduce ni en mejor acceso al empleo ni en salarios mejores.

Según este informe, “en las edades centrales (30-64 años), mientras que 8 de cada 10 varones participa del mercado laboral, solo 5 de cada 10 mujeres lo hacen”.

Los cargos de jefatura o dirección son ocupados por un 4% de las mujeres que trabajan. Y, sin embrago, para los varones es el doble.

Así, “por cada 100 pesos que gana un varón, una mujer gana 79“.

Próximamente se sabrá cómo se reparten dentro de estas variables los tres géneros disponibles en la pregunta por el sexo registrado al nacer. Una balanza que desde ahora deberá contemplar una tercera pata: ni femenino ni masculino.

PS

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